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sábado, 13 de mayo de 2017

Cómo logró Trump ser presidente, desde la revolución de las plataformas


Tras las lluvias de estos días, “sale el sol” (como en la canción del musical Los Miserables: www.youtube.com/watch?v=_fxWso2lQbY).
Ayer, después del entrenamiento con Irma Valderrábano, estuve viendo el documental original de Netflix: ‘Ponme con Roger Stone’. Por fin he entendido quién estaba detrás del éxito electoral del actual presidente de los Estados Unidos de América.
Roger J. Stone (Connecticut, 1952) fue desde niño un apasionado de la política (con 12 años, voluntario en la campaña de Goldwater). Mientras estudiaba en la George Washington University, entró en la de elección de Richard Nixon (Nixon ha sido su amigo desde entonces y, con 19 años, fue parte del escándalo del Watergate). En 1976 trabajó para la de Reagan y un año después fue elegido presidente de los jóvenes republicanos. Por aquel conoció al perverso Roy Cohn, abogado de Donald Trump y ariete de la “caza de brujas” de McCarthy.
En 1981 y 1985 fue el estratega jefe para las campañas del gobernador de New Jersey. Tras la victoria de Ronald Reagan, creó la firma de lobbying (cabildeo) Black, Manafort y Stone para aprovechar su red de contactos en Washington. Entre sus clientes, “piezas” como Mobutu o el dictador Marcos de Filipinas. En el 87-88, él trabajó con Jack Kemp y varios de sus socios con Bush padre. Y fundó un PAC (para la recaudación de fondos). A lo largo de la primera mitad de los 90 trabajó intensamente para Trump como “convencedor” de políticos y en 2000 llevó su campaña en el Partido de la Reforma (Roger Stone se dio cuenta de que ese partido, con Ross Perot y el 19% de los votos, había logrado la victoria de Bill Clinton en 1992 y 1996; animó a Buchanan a que se presentara por el tercer partido, llevó a Trump al mismo y lo desactivó, para que Bush hijo fuera presidente).
Enemigo decalarado de los Clinton, en enero de 2008 fundó el movimiento Citizens United Not Timid (el acrónimo es el sexo femenino en inglés), un grupo anti-Hillary. Se declaró “libertario” y predijo que en 2016 el Partido Republicano llegaría a su fin (como así ocurrió, con Trump). Animó a Donald a que se presentara en verano del 2015, ha llevado su campaña (unas veces abiertamente, otras en la sombra) y uno de sus socios lideró la convención republicana de Cleveland. Stone ha estado detrás de difamaciones como las de Obama musulmán, las violaciones de Bill Clinton, etc y de ideas de Trump como el muro con México o expulsar a los musulmanes del país. También se le ha relacionado con el Wikileaks y los hackers rusos.
Bloguero (Stone on Style) y autor de cinco libros (el último ‘The making of the president 2016’), al parecer ha sido quien ha recomendado al nuevo presidente que despidiera al director del FBI esta misma semana.
Este Rasputín yanqui vestido como un dandi británico conoce como nadie el lado oscuro del poder político y ha hecho posible el triunfo de Donald Trump. Considerado “el príncipe de las tinieblas” de la política norteamericana, sus leyes (las “leyes de Stone”) son:
-       “Es mejor que te conozcan por malo a que no te conozcan en absoluto”
-       “Lo único peor que estar equivocado es ser aburrido”
-       “Piensa a lo grande, sé grande”
-       “El pasado es el puñetero prólogo”   

He estado leyendo ‘Hillbily. Una elegía rural’ de J. D. Vance, considerado por The Economist “el libro más importante sobre Estados Unidos”. El autor, nacido en el cinturón industrial de Ohio (próspero en otros tiempos, hoy en profunda crisis, ha pasado de votar demócrata a hacerlo por Trump), describe la historia y la familia de un joven de 31 años “sin grandes logros”, pero que ha logrado la movilidad social (se alistó en los Marines, sirvió en Irak, estudió Derecho en Ohio State y en Yale, es directivo en una empresa del Silicon Valley). Educado por sus abuelos (que no tuvieron educación secundaria), pertenece a los blancos que no se identifican con los WASP del nordeste. Es un hillbilly (palurdo, rústico), redneck (cuello rojo) o basura blanca. “Yo los llamo vecinos, amigos y familia”. Inmigrantes escoceses e irlandeses que llegaron al Nuevo Mundo en el XVIII, se situaron en los Apalaches (de Alabama a Georgia en el sur, de Ohio al estado de Nueva York en el norte), una cultura muy cohesionada. Los blancos de clase trabajadora son el grupo más pesimista de los EE UU (más que los latinos y los negros). Pone como ejemplo su trabajo en una fábrica de baldosas (13$ la hora) con un tipo, al que llama Bob, y su novia, embarazada. Ella faltaba uno de cada tres días y nunca avisaba con antelación. Él siempre llegaba tarde y faltaba un día cada semana. “Despreciaron un buen trabajo con una cobertura médica excelente”. La movilidad ascendente cayó en los 70 y no se ha recuperado desde entonces (Wilson, Murray, Putnam, Raj Chetty).
Desde edad temprana, los hillbilies aprenden a enfrentarse a los problemas “evitándolos o simulando que hay verdades mejores”. tienden a exagerar, a glorificar lo bueno e ignorar lo malo que hay en ellos. Un padre biológico con el que tuvo poco trato (lo que más odiaba de su infancia fue “la puerta giratoria de figuras paternas”), una madre drogadicta que pasó por varias clínicas de rehabilitación, un sólida concepción del honor y de concepción a la familia tan violenta como cruel (broncas, gritos, peleas). La fe cristiana (evangelistas) en el centro de sus vidas. La promesa de la educación, desvanecida. “El Fin de los Tiempos era el fin natural para una cultura que se deslizaba tan rápidamente hacia el abismo”.  
¿Cómo escapó el autor a “su destino”? Con unos abuelos amorosos (su abuelo le ayudaba a resolver problemas matemáticos complejos), con la oportunidad de los Marines (tras el 11S, era uno de los que “quería matar terroristas en Oriente Medio”) que “le enseñó a vivir como un adulto”, con la facultad de Derecho (Ohio State University), con el atrevimiento de ir a Yale (“planteó una semilla de duda sobre cuál era mi lugar”), con una pareja, su “guía espiritual”, que sabe potenciar lo mejor que tiene (“¿por qué la gente que triunfa parece tan distinta?”).
La economía de las plataformas triangula, como sabes, entre tres tipos de talento: los productores, los clientes, los organizadores. En los dos extremos de la “nueva política”, los populistas y los posfascistas, la plataforma está configurada por candidatos con presencia mediática como Trump, votantes como los hillbilies, manipuladores como Roger Stone.
En un país tan desinformado (el 32% de los conservadores cree que Obama no nació en Estados Unidos, y otro 19% no está seguro), desalmados con talento como Roger Stone pueden lograr que un Donald J. Trump sea presidente, contando con los votos de una cultura en crisis.

La canción de hoy es de Dani Martín, ‘París’: www.youtube.com/watch?v=NQPcpF1VhNw “Y la vida es otra cosa. La verdad de mentira y un sí’. 

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