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martes, 8 de agosto de 2017

Economía conductual: Kahneman y Tversky desmontan el comportamiento racional


En esta jornada de piscina frente al mar, diálogo con un amigo directivo que está liderando una transformación cultural impresionante, delicioso arroz a la marinera en el almuerzo y fútbol (el Real Madrid de Zidane frente al Manchester United de Moruinho desde Skopje, Macedonia), he estado leyendo ‘Deshaciendo errores. Kahneman, Tversky y la amistad que nos enseñó cómo funciona la mente’, de Michael Lewis.
Historiador con un Master en Economía por la LSE, Michael Lewis (Nueva Orleans, 1960) es profesor de la Universidad de Berkeley, editor de Vanity Fair y colaborador de The New York Times y Bloomberg. Su talento narrativo surgió con ‘El póker del mentiroso’ (1989), sobre un agente de bolsa de Lehman Brothers, y continuó con ‘The New New Thing’ (sobre el Sillicon Valley, 2000), ‘Moneyball’ (2003, llevada al cine por Brad Pitt), ‘The Blind Side’ (2006, en la gran pantalla, con Sandra Bullock), ‘La gran apuesta’ (2010, también llevada al cine), ‘Boomerang. Viajes hacia el nuevo tercer mundo’ (2011) y ‘The flash boys’ (2014). ‘Deshaciendo errores’ (en inglés, ‘The undoing project’) es de 2017.
El libro no me ha entusiasmado. Trata de Amos Tversky (1937-1996), psicólogo cognitivo y matemático considerado una de las personas más inteligentes de su tiempo, y Daniel Kahneman (1934), premio nobel de Economía 2002 (a pesar de ser psicólogo). Danny nació en Tel Aviv y Amos en Haifa (Israel). Ambos fueron héroes de guerra. Tversky era brillante, magnético, confiado y extrovertido. Kahneman, introvertido, se cuestionaba todo. Dos genios complementarios. Ambos fueron profesores de la Universidad Hebrea de Jerusalén en los 60, coincidieron en la Universidad de Michigan durante seis meses pero sus caminos apenas se habían cruzado. En la primavera de 1969, Amos fue invitado a la clase de Danny (algo inusual), dio una conferencia brillante, pero Kahneman no le creyó. En otoño de ese año regresaron ambos a la Universidad Hebrea. Juntos empezaron a deshacer errores: “La percepción errónea estaba arraigada por la mente humana”.
Amos y Danny llamaron “heurística” a que la mente humana sustituye las leyes de la probabilidad por “el ojo de buen cubero”. De las conversaciones entre ambos de 1972, una serie de intuiciones:
- La gente predice inventando historias.
- La gente predice muy poco y lo explica todo.
- La gente vive en la incertidumbre, le guste o no.
- La gente cree que puede predecir el futuro si se esfuerza lo suficiente.
- La gente acepta cualquier explicación que se ajuste a los hechos.
- La advertencia estaba escrita en la pared, pero con tinta invisible.
- La gente suele esforzarse mucho para obtener información que ya tiene y evitar los conocimientos nuevos.
- El hombre es un artículo determinista metido en un universo probabilístico.
- En este partido se esperan sorpresas.
- Todo lo que ya ha ocurrido tiene que haber sido inevitable.

“Cuando no tenemos evidencia concreta, utilizamos correctamente las probabilidades básicas; cuando disponemos de evidencia concreta pero inútil, no se tienen en cuenta las probabilidades básicas” (Tversky y Kahneman). Baruch Fischhorf lo llamó “sesgo de restrospección”. Sus estudios comenzaron a ser virales, empezando por la medicina (decisiones de médicos y pacientes). Kahneman fue profesor en British Columbia de 1978 a 1986, de Berkeley hasta el 94 y en la actualidad de Princeton.
“A veces es más fácil mejorar el mundo que demostrar que has hecho una mejora en el mundo” (Amos Tversky). Desde 1973, ambos mantuvieron una relación más intensa que un matrimonio (se excitaban intelectualmente como ninguno de los dos lo habían hecho jamás). Combatieron en la guerra del Yom Kippur (se dieron cuenta de que los soldados “estaban luchando por sus amigos. O por sus familias. No por la nación. No por el sionismo. En aquel momento fue una terrible revelación”). Las decisiones no se evaluaban por los resultados, sino por el proceso que llevaba a ellas. Danny y Amos perdieron la fe en el análisis de decisiones: “Nadie ha tomado nunca una decisión basándose en un numero. Todos necesitan una historia”, “Los números se comprenden tan mal que no comunican nada. Todo el mundo tiene la sensación de que estas probabilidades no son reales, de que son solo algo en la mente de alguien”. Frente a la teoría de la utilidad esperada (propia de la Economía), la realidad irracional. “Cuando uno no toma medidas que podrían haber evitado un desastre, no acepta responsabilidad por el desastre ocurrido”, “Cuanto más cerca estés de conseguir una cosa, más lo lamentas si no la consigues” (Thomas Gilovich demostró en 1995 que los medallistas de bronce son felices y los de plata, infelices). La aversión al riesgo es una “prima de arrepentimiento”. Las decisiones son distintas en términos de ganancias que de pérdidas (la gente reacciona a los cambios más que a niveles absolutos). El organismo humano es una máquina de placer con alta sensibilidad al dolor.
Una gran contribución de Tversky y Kahneman es pasar de decisiones ligadas al dinero (propias de la Economía) a la política, la guerra, el matrimonio… del capital al talento, en definitiva. Suyas son la “teoría del valor-riesgo” (el punto de referencia es un estado mental, no contextualizado). “Los sujetos no eligen entre cosas. Eligen entre descripciones de cosas”. Inventaron el concepto de “emociones contrafácticas” (sentimientos que espolean la mente de las personas).
En 1984, Tversky recibió la beca MacArthur “para genios” y daba clases en Stanford. Las ideas de ambos habían llegado a lugares insospechados. Después sus interacciones se volvieron tensas. Amos en 1992 dejó Berkeley para trasladarse a Princeton. Cuatro años después le detectaron metástasis de melanoma (cáncer de piel). En otoño de 2001, Daniel Kahneman participó en un congreso en Estocolmo que parecía un “casting” del premio Nobel de Economía. Meses después, recibió la deseada llamada de Suecia.
“El problema es que los psicólogos creen que los economistas son inmorales, y los economistas creen que los psicólogos son estúpidos” (Amy Cuddy, Harvard).
La historia de la colaboración entre Kahnmenan y Tversky me parece fascinante, y sus contribuciones revolucionarias para la Economía conductual (su artículo de 1979, ‘Teoría de la prospección. Toma de decisiones bajo riesgo’ supone el inicio de esa ciencia, que se caracteriza por la heurística, la importancia de la presentación y las ineficiencias del mercado, presentadas por el economista Richard Thaler). Como comenté en ‘Del Capitalismo al Talentismo’ (2012), la conductual es la ciencia económica de los nuevos tiempos.

Te propongo ‘Crazy’ de Aerosmith: www.youtube.com/watch?v=NMNgbISmF4I “I go crazy, crazy, baby, I go crazy/ You turn it on/ Then you’re gone/ Yeah you drive me”   

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